Cuando hablamos de fútbol con personas de la generación de nuestros padres (convengamos, aquellos a quien el Mundial 82 y Naranjito atrapó en su más tierna infancia) no nos sorprende que nos digan que “el fútbol ha perdido magia”. Esto, lejos de lo que nos pueda parecer, no va necesariamente ligado a una visión nostálgica del fútbol de los 80 y 90 ni a un odio al “fútbol moderno”, sino que trasciende a las propias facetas del juego y tiene una base bastante interesante. …

Josema Loureiro

Opinador profesional y rookie del periodismo

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